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El Maravilloso potencial de las Plantas
“Todo es veneno, nada es veneno, de acuerdo a la dosis”. Paracelso.

Esta máxima que con seguridad recoge lo mejor y más excelso de una larga tradición de experimentación y observación nos ilustra en forma precisa sobre cómo debe ser el uso de las potencialidades terapéuticas emanadas de las plantas y aun de todos los reinos de la creación.

Con frecuencia en el uso de las plantas medicinales desconocemos el valor expresado en esta máxima, pues cuando conocemos la referencia del valor potencial de una planta frente a lo que deseamos sanar, nos encontramos consumiendo sus principios activos o sustancias naturales durante largos periodos de tiempo, lo que conlleva a que en algún momento crucemos una especie de umbral y después de allí hagamos lo que se denomina técnicamente como patogénesia o lo que podríamos interpretar como una suerte de intoxicación por sobredosis de las sustancias.

Ya lo había indicado Hanneman hace más de doscientos años cuando establece las bases de la Homeopatía. Inicialmente estudia el valor medicamentoso de las sustancias frente a las más diversas patologías y rápidamente advierte que el “proceso de cura” presentaba agravaciones físicas de grande costo para el enfermo relacionadas con la cantidad o concentración  de presencia física de las sustancias y su accionar dentro del organismo. Por ello a lo largo de su vida se dedica a perfeccionar  el modelo terapéutico de la Homeopatía hasta llegar a la postulación de la dosis infinitesimal lograda a través del fenómeno de la “dilución” (1), es decir, de un proceso a través del cual sistemáticamente se van diluyendo las sustancias hasta lograr concentraciones mínimas de ellas en las diluciones menores de las escalas decimal( 1 en 10) y centesimal(1 en 100) y verdaderos campos de energía esencial en algunos casos como en la escala milesimal, donde luego de romper la frontera convencional que marca las trazas de materialidad, expresadas a través del número de Avogadro  o peso molecular de las sustancias, lo que se encuentra es la revelación de lo que está detrás de la forma, detrás de la sustancia material o lo que podríamos llamar energía vital, o alma, o espíritu, o fuego fricativo -que es uno entre los tantos fuegos del universo- y que es común a todas las formas de manifestación de la vida universal.

Lo que se revela es la sustancia, la base con la cual estamos constituidos; por ello somos hermanos de la estrella, o de la hoja del árbol, o de la gota de lluvia; porque estamos hechos con la misma sustancia expresada a través de múltiples formas.

Este mismo fenómeno de intoxicación es lo que sucede con el modelo terapéutico aconsejado desde la Alopatía donde se expresa que a mayor concentración de las sustancias más eficaz es su accionar aún a costa de los ya muy conocidos efectos “indeseables” o “colaterales” como se les ha denominado.

 Para nadie es un secreto como en los prospectos que acompañan los “medicamentos” es regla general encontrar detalles sobre reacciones adversas e indicaciones de prevención para su uso, y aquí lo discutible no es en sí solamente la sustancia sino las cantidades que se ingieren de ellas bajo la connivencia médica profesional.

En nuestro organismo los órganos están dotados de receptores específicos, pequeños captadores de toda la información disponible a su alcance. Cuando una sustancia llega a ellos es acogida e incorporada y se inicia su accionar; pero cuando con frecuencia y durante largos periodos de tiempo suministramos  grandes dosis de las sustancias, rápidamente estos receptores y el órgano u organismo se van sobresaturando, intoxicando y como efecto de ello llegan los efectos colaterales o indeseados. Así el costo para el organismo es muy grande y el sufrimiento se multiplica sin que al final se logre llegar a alguna solución o cura y por el contrario, generalmente terminamos viendo como el modelo fortalece su “accionar terapéutico” con otras sustancias para paliar los efectos indeseados generados por las primeras.
Así una gripe puede terminar siendo un cáncer etc.
Todo esto obedece a un modelo finalmente establecido desde el siglo anterior cuando se da el gran desarrollo de la química. En los albores de la farmacéutica moderna se trató de replicar en el laboratorio los principios activos de las plantas. Inicialmente se relacionó la planta con la patología y se investigaron aquellas especies que en la tradición cultural de los pueblos del mundo estaban presentes en el conocimiento de su medicina tradicional.

Luego de esto, en el laboratorio, se aislaron las distintas sustancias presentes en cada una de las plantas y se optó por identificar la más importante o aparentemente de mayor eficacia frente a la patología y se replicó a través del fenómeno denominado síntesis o producción artificial de la misma.
Lo primero que allí sucede es que se rompen los ciclos básicos de ordenamiento que se dan en el universo. En la evolución ésta es posible gracias al trabajo coordinado y consciente de todos. En el reino vegetal -y en todos los reinos- las diversas sustancias presentes ejercen una sinergia que expresa equilibrio y trabajan de “manos entrelazadas” para ello.

Al aislar una sustancia y volverla ampolleta, inyección o cápsula hemos roto los ciclos básicos de colaboración que expresan equilibrio, por ello la toxicidad -además de las grandes concentraciones-  es más cuando  esta sustancia es producida artificialmente en el laboratorio. Este es el modelo “anti” aceptado y pregonado por la Alopatía. Antibiótico en infección, antipirético en la fiebre, antidepresivos, antidiarréicos, bombas atómicas, etc.

Hoy reconocemos como a través de este proceso de síntesis se replicaron grandes sustancias: la digitalina aislada de las semillas de la  popular digital (Digital lanata L. o Digital purpúrea L.) una especie conocida como la joya de la cardiología, además de sus hojas  se aislaron la digitoxina, la nagitoxina y la  gitalina; la buscapina constituida de los principios activos del floripón o floripondio (Brugmancia amara o antes Datura arbórea) de donde también se logró la hyoscina y la hyosciamina y la atropina lo mismo que de otra solanácea la: Atropa  belladona;  del sauce de corteza roja (Silex humboltiana Wild) el principio activo denominado salicilina, un análogo del ácido salicílico y del ácido acetilsalicílico que luego  sintetizado es colocado en el mercado bajo el nombre comercial de “Aspirina” convirtiéndose en el primer fármaco del grupo de los antiinflamatorios no esteroideos; uno de los más costosos oncológicos la Vinblastina y la Vincristina del (Catharantus roseus) y  muchas más.

Los principios activos de las plantas son sustancias químicamente bien definidas y con actividad farmacológica y provienen de lo que se ha denominado metabolismo secundario que tiene como misión crear condiciones de defensa o mecanismos de defensa, estímulo de funciones y supervivencia para ellas. Se han definido en grandes grupos.
Podemos citar como ejemplo:

Alcaloides

Cuya función en la planta es crear protección contra las plagas y en los humanos se absorben por el hígado siendo potencialmente tóxicos. Un ejemplo de la función del alcaloide en las plantas es la extraordinaria sinergia creada entre una especie denominada popularmente en la zona norte de Suramérica como “niño muerto” o “matacaballo” (Asclepias curasavica) utilizada comúnmente como antiparasitario y purgante y sus nombres populares pueden provenir de un triste insuceso generado del uso indiscriminado de la misma, lo que nos recuerda que a pesar de las creencias habituales esos principios activos pueden ser potencialmente tóxicos. Se cree que la comúnmente denominada mariposa Monarca (Danaus plexippus) inocula sus huevos en las inflorescencias de esta planta y sus larvas se nutren del alcaloide allí contenido que naturalmente está destinado a repeler insectos y otras especies depredadoras. Pues bien, estas larvas luego en su desarrollo se transformarán en mariposas habiendo integrado el  alcaloide. Lo extraordinario de esta historia es que primero las larvas y luego la mariposa Monarca no cuentan con muchos depredadores pues  sus potenciales devastadores saben que la presencia del alcaloide los puede afectar a ellos. Lo mismo sucede entonces con hormigas, coleópteros y otras especies básicamente depredadoras.
Los alcaloides actúan sobre el sistema nervioso central con actividad sedativa, ansiolítica, anestésica y analgésica. Generalmente las dosis utilizadas popularmente se aproximan a las tóxicas y aun más en el caso de los fármacos convencionales donde lo que prima es el criterio de que a mayor concentración de la sustancia más eficaz es esta. Un ejemplo claro de estos riesgos está en la utilización permanente de fármacos en enfermedades degenerativas y crónicas o en enfermedades mentales, donde el factor de toxicidad genera grandes efectos colaterales o síndromes iatrogénicos. Otro ejemplo a citar es lo acontecido con el llamado “Confrey” que hace unos años fue –en una de esas modas que establecen panaceas curalotodo- ampliamente utilizado. Hoy su uso está prohibido pues se sabe que los alcaloides allí presentes pueden  tener propiedades nocivas para el hígado llegando incluso a predisponer al cáncer hepático.

Oleos esenciales o volátiles

Muy conocidos pues son utilizados en la aromaterapia, masajes etc.  Estos son inhibidores de la germinación, protegen contra los predadores, atraen los polinizadores y estimulan un mecanismo cuando existe pérdida de agua y aumento de la temperatura. Su acción farmacológica es anestésica, analgésica, vermífuga, antialérgica, antiinflamatoria, bactericida, bacteriostática, fungicida e insecticida.

Flavonoides

 Ayudan a la diferenciación celular, desarrollo de las hojas y pigmentación o forma de atraer insectos para el proceso de polinización y cuya acción farmacológica es antiinflamatoria, estabilizadora del endotelio vascular, acciones sobre el aparato cardiocirculatorio y potentes antioxidantes.

Taninos

 Brindan protección contra los herbívoros, inhiben la germinación de las semillas y la acción de bacterias fijadoras de nitrógeno con la particularidad de que no se encuentran en algas, hongos y líquenes; su acción farmacológica es antiséptica, antiinflamatoria, antihemorrágica y antidiarréica.

Saponinas

 Estimulan la germinación e inducen a la floración y tienen como característica farmacológica acciones mucolíticas, expectorantes, antisépticas, antimicrobianas y antiinflamatorias.

Lignarias y neolignarias

Se las encuentra acumuladas en maderas como respuesta a una herida mecánica, ataque de microorganismos y defensa contra insectos, su acción farmacológica es antiinflamatoria, antifúngica y antihepatotóxica. (2).

(1). Hanhemann, Samuel, Organón de la medicina. Editorial Kier, varias ediciones.
(2). Se puede ampliar esta información consultando la obra del Dr. Jaldin, Carlos.
Puede complementarse esta bibliografía con las siguientes obras:
Dr. Campos, José María, “Clemente”. Varios libros. Destacamos: La Medicina Rescatada; Contactos con el mundo de la Cura y Un reencuentro de la Medicina con la Naturaleza. Ed. Errepar.
Alonso, J.R., Tratado de Fitomedicina, bases clínicas y farmacológicas. Almeida, E.R. Plantas medicinales brasileras. Conocimientos populares y científicos. Sao Paulo, Hemus, 1.993.
British Herbal Medicine Asociation. British herbal pharmacopedia. British herbal compendium. 1.992 vol. 1.
Goodman, L. S.; Gilman, A., As bases farmacológicas da terapéutica.  3ra ed. Rio de Janeiro, Guanabara Koogan 1.987.

 

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